En medio de una presión palpable desde la Casa Blanca, Apple se vio obligada a considerar los chips de Intel mientras negociaba alivio para las tarifas sobre semiconductores. Todo esto sucedió el verano pasado, un periodo tenso que marcó un antes y un después en su relación.
A finales de agosto de 2025, el CEO de Apple, Tim Cook, se plantó en Washington. Su objetivo era claro: convencer a la administración Trump de que abandonara ese proyecto de tarifa del 100% sobre las importaciones de semiconductores, una medida que habría encarecido aún más toda la línea de productos de la manzana mordida. Tras intensas conversaciones, logró una exención al comprometerse a invertir cientos de miles de millones en EE.UU., aunque muchos ya estaban en su agenda.
La presión política y el giro hacia Intel
Dentro del fragor de esas reuniones, Trump y el secretario de Comercio, Howard Lutnick, instaron a Cook a que usara las plantas de fabricación de Intel para algunos chips. Curiosamente, esta conexión entre las tarifas y el trato con Intel nunca había salido a la luz antes. Casi un año después, Trump anunció vía su plataforma Truth Social que Apple empezaría a utilizar chips fabricados por Intel en ciertos productos. “Necesitamos diseñar y fabricar nuestros chips aquí mismo en América”, publicó el presidente; una declaración que hizo volar las acciones de Intel hasta cifras récord.
Un futuro incierto pero prometedor
Fuentes cercanas a las negociaciones mencionan que Apple planea encargar chips para sus MacBook e iPhones a Intel. Sin embargo, no queda claro cuáles serán exactamente esos chips ni cuántos se producirán; lo único seguro es que seguirán dependiendo fuertemente del Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) para gran parte del silicio personalizado.
A pesar del nuevo enfoque, es notable que Apple nunca había considerado a Intel como proveedor principal debido al rezago respecto a competidores como TSMC y Samsung, además del complicado historial entre ambas empresas. Este acuerdo parece ser parte del esfuerzo más amplio del gobierno por respaldar a Intel, especialmente tras convertir $9 mil millones en subvenciones federales en una participación accionaria del 10%, convirtiéndose así en el mayor accionista del fabricante.
Aunque otros gigantes como Nvidia y SpaceX también han firmado acuerdos con Intel bajo circunstancias similares presionadas por la administración Trump, hay dudas persistentes sobre la capacidad real de producción confiable por parte de Intel. En los últimos cuatro trimestres fiscales, su negocio ha acumulado pérdidas operativas por $10.4 mil millones. Hasta ahora no hay información clara sobre cuándo veremos estos chips fabricados por Intel en productos disponibles al público ni comentarios oficiales desde Apple al respecto.
